Beti-Jai, la Pompeya de los frontones

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Sobre la cancha trotan y saltan yeguas y caballos ante la mirada de lo más selecto de la sociedad madrileña. Era 1901. Tres años después, el inventor Leonardo Torres Quevedo utiliza la pista como lugar de ensayo para el Telekino, el primer vehículo –un triciclo– teledirigido por ondas hertzianas. En plena primera guerra mundial, aquel terreno se convierte en campo de ejercicio para reclutas y mercenarios. Los años 20 transforman el edificio en una ensambladora de la marca de coches de lujo Studebaker y luego en un garaje. En la Guerra Civil fue comisaría política, quizá checa para detenciones irregulares. Y en la posguerra, fábrica de escayolas, plató cinematográfico, corrala de vecinos, taller de vehículos… Y no hace mucho, local clandestino de ensayo y lugar de encuentro de ocupas. Hablamos de un edificio de 4.000 metros cuadrados situado a una manzana del Paseo de la Castellana, en el corazón del distrito madrileño de Chamberí, un frontón que fue inaugurado hace 125 años.

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Puerta y parte de la grada del frontón Beti-Jai. Fotos: Asociación Salvemos el frontón Beti-Jai / Alberto Gayo.

Estamos ante el Beti-Jai, la instalación deportiva industrial más antigua de Europa, el último gran frontón descubierto, el que algunos expertos llaman la Pompeya de los frontones. Si la ciudad de la Antigua Roma fue sepultada bajo montañas de ceniza en el 79 d.C. y recuperada intacta casi 1.700 años después, “el Beti-Jai fue mil cosas durante décadas y se salvó milagrosamente. Nunca tocaron la estructura, eran espacios tan grandes que sin tocarlos podían poner lo que quisieran dentro. El Beti-Jai es como Pompeya, se construye dentro, durante años la edificación sirve para otras cosas y la gente se olvida, olvida su existencia. Como era un edificio privado, nadie entraba. Cuando lo vimos fue impresionante, se conservaba todo, hasta los urinarios de finales del XIX”, me explica entusiasmado Alberto Tellería, vocal de Madrid Ciudad y Patrimonio, la asociación que pelea cada día por salvaguardar la herencia arquitectónica, cultural, artística y social de la Comunidad de Madrid.

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La cancha del frontón convertida en garaje, 1977. Foto: Servicio Histórico del COAM.

Las obras de recuperación estructural han finalizado. OJalá que el Beti-Jai vuelva pronto a deslumbrar. Los más optimistas dan por seguro que los partidos de pelota regresarán a Madrid, y también que albergará muchas otras actividades. El camino desde 1894 hasta hoy ha estado cargado de movimientos especuladores, legalismos, intereses varios, privados y municipales. Ya lo decían las crónicas de la época cuando hablaron del 29 de mayo de 1894, día de su inauguración. La reseña aparecida en el número 33 de la revista El pelotari no deja dudas: “(…) El nuevo frontón era la fatídica sombra que se alzaba ante las empresas enemigas. Antes aún de terminarse las obras, cuando en ellas y en la compra del terreno había la empresa gastado ciento veinticinco mil duros, querían algunos condenar a muerte a Beti-Jai, y un edil madrileño, cuyo nombre debe pasar a la historia, el Sr. Novella, pedía ‘coram populo’, no que se llevaran a cabo las prescripciones legales, no que se reconociese el edificio antes de abrirlo al público, sino que se prohibiese en absoluto la apertura del frontón. (…) Beti-Jai nace con buena estrella, puesto que, antes de nacer, ha tenido y tiene enemigos encarnizados. ¡Que el cielo se los conserve y se los aumente al flamante frontón y a su conspicua empresa, para que se diga de ellos lo más tarde posible: Dios te libre de la hora de las alabanzas!”.

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Partido de cesta punta en 1918 en el frontón Beti-Jai. Foto: Asociación Salvemos el Frontón Beti-Jai.

Volvamos a finales del siglo XIX. El juego de pelota ya existía en Madrid, pero no tanto el juego vasco de pelota. La corte de Alfonso XIII acostumbra a veranear en San Sebastián asistiendo a los eventos deportivos de más relumbrón: las carreras de caballos y los partidos de pelota. El profesionalismo había echado a andar, pasando de las plazas de los pueblos a los grandes frontones cerrados urbanos. Un grupo de empresarios vascos cae en la cuenta y decide traer el juego vasco a la capital del reino. Va la realeza, la incipiente burguesía y el pueblo. Las apuestas ayudan. El Beti-Jai se construye con gradas y palcos para casi 4.000 espectadores, incorporando un palco regio central.

Hacia 1891 se comienzan a abrir frontones en Madrid. Son más grandes que los del País Vasco. El Vistalegre, en el barrio de Argüelles, y el Jai-Alai, en Atocha, son los primeros. Dos años después se estrena el Euskal-Jaia, en lo que hoy es la Plaza de las Salesas, donde está el Tribunal Supremo. Es el primero con techo pensando en la lluvia del invierno. Y en 1894, el Beti-Jai. En cuatro años, cuatro estadios de entre 1.500 y 4.000 localidades, con partidos todos los días en los cuatro frontones. “El Beti-Jai se construye como la culminación de todo este proceso de frontones y juegos vascos de pelota en Madrid, no es el mejor campo de juego pero sus proporciones son perfectas. Y es ideal para el espectáculo, es de súper lujo, fastuoso, con las últimas novedades técnicas. Allí se coloca el primer marcador eléctrico, que causa sensación en una época en que todavía muchas casas no tenían luz eléctrica”, comenta Fernando Larumbe, miembro de la Plataforma Salvemos el frontón Beti-Jai. Este ex jesuita y campeón pelotari posee, seguramente, la biblioteca sobre juegos de pelota más completa de las que existen. Es un auténtico apasionado de estos deportes y alma de la recuperación del Beti-Jai.

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Puerta neomudéjar en los años 80 y en 2019. Fotos: Asociación Salvemos el Frontón Beti-Jai / Alberto Gayo.

Antes de cerrar el siglo XIX entra en acción otro gran frontón en la capital, el Central, construido a escaso cien metros de la Puerta del Sol, que mantuvo su actividad hasta 1923. Era gigantesco, cuyo cuerpo principal era un rectángulo de 62 metros de largo por 20 de ancho, cubierto por una armadura metálica y un lucernario corrido. La noche de su inauguración cantó allí Consuelo Portela, conocida popularmente como La Chelito, famosa cantante de cuplé. Cuentan que en su pista bailó la espía Matahari. El afán por la construcción de frontones en Madrid acabaría con el Recoletos. Pero el juego de pelota en la ciudad murió de éxito, por la competencia entre tantos frontones –había más de una veintena en Madrid– y sobre todo por la invasión del fútbol, que lo arrasó todo, incluido el tenis y la hípica. A comienzos del siglo XX Madrid contaba con cuatro grandes frontones con 12.000 asientos para medio millón de habitantes ¿Qué masa puede ir a jugarse la pasta todos los días?

José Arana, famoso empresario de Escoriaza, será el encargado de levantar el Beti-Jai. En 1891 encarga a Joaquín de Rucoba su construcción en la calle del Marqués de Riscal de Madrid a imagen y semejanza del Bet-Jai de San Sebastián. El arquitecto, que ya había dejado su impronta con el Teatro Arriaga y la sede del Ayuntamiento de Bilbao, va a utilizar las técnicas y materiales más modernos de la época. Curiosamente, las gradas se realizan con distinta inclinación usando las novedosas vigas curvadas para lograr que la cancha sea visible desde cualquier ángulo. “Rucoba era culo de mal asiento. Antes fue arquitecto municipal de Málaga y allí edifica un teatro con hierro y las puertas de las Atarazanas con influencia árabe. Por eso el Beti-Jai tendrá ese estilo también en la puerta de entrada de los pelotaris”, comenta Tellería.

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El Beti-Jai funcionó como taller y garaje en los años 70. A la derecha, estado actual. Foto: Martín Santos Yubero / Alberto Gayo.

En menos de siete meses se había terminado la obra. Se hace a toda velocidad. Se elige un solar en esa zona de Madrid porque se buscaba un terreno grande en el extrarradio sin nada construido al alrededor. En esos momentos esta zona tan céntrica hoy era el ensanche de la ciudad. Incorpora una fachada neomudéjar y otra parte más ecléctica, una versión simplificada del Teatro Arriaga y de la Ópera de París. “Hay detalles fascinantes, la cesta y las pelotas aparecen talladas en los capiteles de las columnas. Siempre se ha hablado de que la planta reproduce la forma de una cesta, pero no creo que se hiciese adrede, en esa época no había perspectiva aérea y para conseguir mejor visión del juego tenía que hacerse con esa curvatura”, especifica el vocal de Madrid Ciudadanía y Patrimonio.

A partir de los años 50 se inicia un auténtico trasiego de propietarios y fusiones del edificio. En los 70, antes de la muerte del dictador Francisco Franco, se produce el mayor proceso de destrucción de patrimonio artístico. Estamos en pleno desarrollismo. La Real Academia de las Artes de San Fernando y el Colegio de Arquitectos de Madrid comienzan a solicitar que el edificio se declare Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural (BIC). El Ayuntamiento de Madrid establece una protección singular que pone trabas a su demolición. Es una joya. Los distintos propietarios intentan venderlo, demolerlo, reconvertirlo, añadirle plantas, construir dentro de la cancha, convertirlo en hotel… Es tan goloso el Beti-Jai que en la época de Alberto Ruiz-Gallardón como alcalde se ve salpicado por los intentos especulativos de la trama Malaya, una red de corrupción urbanística que salpica varias provincias y edificios emblemáticos con el señor Juan Antonio Roca, asesor del área de Urbanismo de Marbella, en el centro de todos los chanchullos. A los arquitectos y la academia de las Artes se le une la Plataforma Salvemos el frontón Beti-Jai y en 2011 la Asamblea de la Comunidad de Madrid emite la declaración de Bien de Interés Cultural. El frontón está salvado, ahora tiene que hacerse con la propiedad el Ayuntamiento, comenzar la rehabilitación y consolidación y buscar cómo explotar el edificio.

Lo más curioso es que en 1985 el frontón se estaba cayendo. No había pasado ni la Inspección Técnica de Edificios. Los dueños colocan un andamio, que ocupa parte de la acera, que ha estado más de dos décadas sin que nadie haya dicho nada. Cuanto menos se supiese, mejor. Buscaban una declaración de ruina. El ayuntamiento de Ana Botella decide abrir un expediente. Aparece de repente una financiera francesa que adquiere el inmueble por 1.000 millones de pesetas. Pero la recalificación no llega y años después un grupo de empresarios vascos lo compran por 300 millones: la empresa Galarreta, dedicada a los espectáculos de remonte en Hernani. Se dan cuenta de que la obra es de aúpa, piden la recalificación pero se produce la declaración BIC y finalmente el Ayuntamiento, en manos del PP, expropia el Beti-Jai. Los dueños, Tercosul Gestión, quieren 30 millones de euros, el Ayuntamiento ofrece 5. Al final, la Justicia establece como justiprecio la cantidad de 7 millones de euros. Cambia el gobierno municipal con la llegada de Manuela Carmena y cuando ya está ejecutada la expropiación, un recurso de la propiedad por estar en contra del justiprecio obliga al Tribunal Supremo a posicionarse. En 2016, el alto tribunal establece el precio definitivo, que vuelve a situar en los 30 millones solicitados en un principio por la propiedad.

El último frontón industrial del siglo XIX, la instalación deportiva más antigua de Europa, a pesar de todas estas vicisitudes, volverá a abrirse al público.“Wimbledon o el Santiago Bernabéu, por poner un ejemplo, se han ido renovando, el Beti-Jai no se ha tocado, nadie ha cambiado nada, por eso tiene ese valor”, afirma Alberto Tellería. Personas de más de cuarenta y dos países han enviado mensajes a la Plataforma Salvemos el Beti-Jai interesándose por el edificio. “Cuando Madrid ha intentado ser ciudad olímpica, hemos intentado convencer a las autoridades de que un plus para los Juegos Olímpicos sería utilizar el frontón. Cuando presentas tu candidatura, que mejor que hacerlo en una joya arquitectónica que nadie posee. Todas las ciudades presentan sus estadios de nueva construcción pero aquí puede usar esas instalaciones para albergar a los periodistas, para hacer partidos de exhibición, para hacer presentaciones olímpicas”, admite el pelotari Larumbe. Nunca le hicieron caso.

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Pasillo de entrada desde la calle Marqués de Riscal, en los años 80 y en la actualidad. Fotos: Asociación Salvemos el Frontón Beti-Jai / Alberto Gayo.

Esta semana se han abierto sus puertas durante algunas horas para que el ciudadano pueda admirar las obras de consolidación. El recinto es espectacular. Deberían dejar durante meses su entrada libre para que los madrileños pudiesen comprobar la belleza de la construcción y sentirla suya.

Las dudas surgen cuando se habla de su utilización. Hace tiempo el arquitecto Norman Foster visitó las obras porque está interesado en abrir su fundación-museo en el centro de Madrid pero la declaración de Bien de Interés Cultural no permitiría otro uso que la original de instalación deportiva en un edificio singular. Un plan especial del consistorio madrileño aprobó algunas modificaciones que para la Plataforma Salvemos el Frontón Beti-Jai pervertiría la declaración de protección que tiene el inmueble. Finalmente, la Justicia lo tumbó. Por otro lado, hay una parte de los responsables municipales que querrían una cesión a manos privadas de su explotación. “Piensan que no va a ser rentable si no se lo das a empresas privadas pero si además de deportes, usas el espacio para ferias, eventos, cine de verano, conciertos, teatro, danza, restaurante, etc… claro que puede ser rentable. Otra cosa es que des la concesión del restaurante. Cuántos cocineros vascos no querrían estar aquí. Nosotros preferiríamos una explotación pública pero si se hace la concesión que sea con garantías. Lo que no queremos es que de repente se acristalen las gradas y se monte allí un gimnasio privado”, explica Fernando Larumbe.

Manuela Carmena, la alcaldesa saliente siempre ha reconocido en público que el Beti-Jai no sería privatizado. La arquitecta municipal encargada de la obra, Mari Luz Sánchez, que se enamoró del edificio nada más sobrepasar el umbral de entrada, ha llegado a encontrar tejas de la fábrica que hizo las originales. “Lo hemos ido haciendo poco a poco, ha habido mucha presión mediática pero lo han sabido controlar y nos han dado el tiempo necesario para realizar las obras”, explicó Mari Luz al diario El independiente. Cuando se acercó por primera vez no sabía qué existía el Beti-Jai. Se encontró una jungla de vegetación. El paso del tiempo se lo estaba comiendo. “No sabía si me había tocado el gordo de la lotería o aquello era un castigo”. Está claro, era el gordo de la lotería. Lo mismo ha ocurrido con la arquitecta de la empresa Ferrovial, adjudicataria de la consolidación. Las dos alucinaron con la conocida como Capilla Sixtina de los pelotaris.

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