Esta tierra ya tenía un crimen

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Una de las imágenes difundidas por la Agencia Efe del funeral de Gabriel Cruz. A la derecha, sus padres, Ángel y Patricia.

A la crónica negra le gusta señalar unas coordenadas. Nadie tiene la culpa –solo la maldad humana­– de que haya pueblos cuyo nombre quede pirograbado para siempre por la desgracia. En las últimas horas solo deseo que Las Hortichuelas, Las Negras o Rodalquilar (y sus paisanos) sigan siendo sinónimo de lugares especiales donde la palabra estrés pierde valor. Y no de muerte. Será difícil. Para empezar porque la desaparición y asesinato del niño Gabriel Cruz Ramírez ha colocado en el mapa, y en la mente de muchos españoles, a unos desconocidos municipios de la Andalucía oriental. Ojalá el imaginario colectivo guarde para siempre el nombre de estas localidades como símbolo de esfuerzo y solidaridad –los demostrados por los vecinos– y de decencia y fortaleza, la de una mujer llamada Patricia Ramírez, la madre, y su ex pareja, Ángel Cruz. Y que olvide el de la presunta asesina, “esa persona que no es persona”.

Hasta el domingo pasado, esta comarca almeriense ya tenía su crimen en los libros de la España negra. El conocido como crimen de Níjar sucedió hace ahora 90 años en los alrededores del Cortijo del Fraile, un paraje situado a apenas seis kilómetros de las casas blancas de Las Hortichuelas donde secuestraron al pequeño Gabriel. Aquel misterioso crimen de 1928 inspiró nada menos que las ‘Bodas de sangre’ de Federico García Lorca y el ‘Puñal de claveles’ de la escritora Carmen de Burgos, Colombine.

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Federico García Lorca y Carmen de Burgos se inspiraron en el ‘crimen de Níjar’ para escribir dos de sus grandes obras.

Es lo mismo que vayas desde Rodalquilar o desde Las Hortichuelas. Hasta el Cortijo del Fraile habrá unos veinte minutos en coche, un tramo con alguna casa desperdigada, cultivos y tierra árida que se puede recorrer por caminos o carreteras de segunda con zigzagueos constantes, con cambios de rasante que mantienen el misterio. De forma parecida vieron esta tierra africanizada Carmen de Burgos –nacida en Rodalquilar– en su novela ‘Los inadaptados’ (1909) y Juan Goytisolo en su relato de viajes ‘Campos de Níjar’ (1960). La dureza de un edén de gentes peculiares, de esa esquina de España que hoy está cargada de desconcierto y rabia. El escritor leonés Andrés Trapiello, otro de los que se enamoró del Cabo de Gata, también se atrevió a definir esta comarca en el libro ‘Al fin y al cabo’ (2008): “Uno de los lugares más misteriosos de este mundo. Extraño lo que en él sucede. Casi nunca nada. Todo. Lleno y vacío”. Poco más que decir. [Hace casi tres años, y como amante de esa zona, escribí sobre la carretera AL-3106, la que une Campohermoso con Las Negras, y que pasa por Fernán Pérez y Las Hortichuelas. Un recorrido ciertamente surrealista aunque hoy lo veamos de otra forma].

Pero donde casi nunca pasa nada (o todo) fue foco de atención hace 90 años como lo está siendo hoy. En la noche del 22 de julio de 1928 las campanas del Cortijo del Fraile esperaban para repicar en una boda que se iba a celebrar al día siguiente. El novio se llamaba Casimiro Pérez, y la novia, Francisca Cañada, Paquita ‘La coja’. Era una boda de conveniencia apañada por los familiares. En realidad Paquita no amaba a Casimiro. Así que esa noche, cuando el novio se fue a descansar y los invitados se repartían en sus habitaciones, se fugó con la persona que más quería, Francisco Montes, su primo. En la madrugada encontraron al primo muerto de tres disparos a pocos kilómetros del cortijo y a la novia, shockeada y ensangrentada, deambulando por los alrededores. La Guardia Civil detuvo a las horas a Paquita y a su padre. Ella admitió que se había fugado con su primo y que fueron asaltados por unos encapuchados. Uno de los malos le quitó la pistola a Francisco Montes y le mató de tres disparos. A Francisca intentaron ahogarla pero sobrevivió. Los asesinos –un hermano del novio y su esposa– se entregaron y fueron condenados a prisión. El crimen de Níjar y el Cortijo del Fraile entraban en ese momento en los archivos de la crónica de sucesos. La prensa siempre trató el caso con misterio. La novela publicada por Carmen de Burgos en 1931 y el texto teatral de García Lorca en 1933 dieron a aquel episodio violento una simbología.

Los Protagonistas
Publicación en el Diario de Almería de los sucesos ocurridos cerca del Cortijo del Fraile en 1928.

En 2014, la sobrina nieta de Francisca, Josefina Góngora, publicó ‘Amor y traición en el Cortijo del Fraile’, un relato que pretendía contar la visión familiar de lo ocurrido aquella noche de julio de 1928. Josefina llegó a conocer a Paquita ‘La coja’ y quiso deshacer la imagen de mala que se le impuso a su tía abuela. En una entrevista para La Voz de Almería, Josefina aseguró que el único crimen de Paquita fue enamorarse de la persona equivocada: su primo hermano Francisco Montes. “Era un amor correspondido. De hecho, desde niños decían que eran novios, aunque aquello era un tabú por el parentesco. Pero se querían de un modo inocente y en secreto, él cogía el caballo e iba a verla y ella lo recibía con toda su ilusión”, apuntó. Como sabía que su amor era imposible, decidió quedarse soltera pero su familia, viendo que el padre le había dejado tierras y algo de dinero, amañó la boda con el cuñado de su hermana. “Cuando Francisco se enteró de que la casaban, le echó valentía y se presentó en el cortijo con el caballo. Y le dijo a su tío Frasco: ‘Quiero a Paquita y me la voy a llevar’. Y se fueron”, aseguró Góngora.

Paquita tenía entonces 20 años y, según su sobrina, vivió hasta los 88 “vestida de negro, sola y con mucha humildad. Nunca pudo volver al Cortijo del Fraile. Decía: ‘En mi tierra amada de sangre derramada’. Al fallecer en los ochenta, el cura dijo que había vivido como una santa, como una mártir y es verdad”. Casimiro Pérez, el que se quedó con las ganas de casarse, contrajo nupcias años después con otra mujer y residió en la localidad de San José, donde murió en 1990. Nunca habló del tema. Ni Carmen de Burgos ni García Lorca contaron toda la verdad, recrearon un suceso, se inspiraron para montar dos grandes obras. El Cortijo del Fraile, Bien de Interés Cultural (BIC), se puede ver hoy por fuera en un estado de semiabandono.

Volvamos a 2018. Patricia y Ángel ya han enterrado a Gabriel. Al niño le encantaba pasar los días libres con sus amigos y su familiares en Las Hortichuelas. Ojalá los turistas y los enamorados del Cabo de Gata no se dejen llevar por el malditismo. Las gentes de allí, aunque les cueste, se merecen volver lo antes posible al 26 de febrero cuando no había guardias civiles, periodistas y equipos de búsqueda, cuando la maldad humana personificada en “una persona que no es persona” cayó en la tierra como un rayo. Esta zona ya tenía un crimen, en del Cortijo de los Frailes. No era necesario otro.

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