Anna Gabriel va de retro

estampas
Dibujos del siglo XVI de chicas vascas recogidos en ‘Indumentaria basca. Zabalkundea sorta’, de Bernardo Estornés Lasa (Museo del Traje).

En la cabeza está el asiento del alma aunque algunos filósofos de la antigüedad pensaban que estaba en el corazón. ¿Y en el peinado? En la cabellera se encuentran los códigos vinculados a un contexto social, cultural, histórico… pero sobre todo está el cómo queremos que los demás nos interpreten. Cuando el otro día se convirtió en noticia que Anna Gabriel, dirigente de la CUP, había cambiado de apariencia para la primera entrevista desde su refugio suizo, me puse a investigar sobre el concepto ‘peinado borroka’. “Se ha soltado la melena, se ha puesto la raya a un lado y se ha recogido el flequillo”, “ha cambiado su aspecto vinculado a un movimiento social, a una marca personal, por un look de niña buena”“la melena midi suelta le da frescura , jovialidad y, lo más importante, la hace parecer más cercana”… fueron algunos de los comentarios de periodistas y expertos en protocolo sobre la nueva imagen de la parlamentaria catalana. Todos coincidían en que la cupera busca, con su nuevo peinado, transmitir “cercanía, que el pueblo se identifique con ella, adoptar una actitud conciliadora”. Y hubo también mucha inquina. Lo de siempre.

Anna Gabriel
La parlamentaria de la CUP en Suiza y hace unos años en Cataluña.

Fue entonces cuando La Txurri, que está metida en la reinvención de las prendas tradicionales vascas, me pasó una documentación muy interesante que había encontrado en el Museo del Traje de Madrid sobre algo que ocurrió hace siglos y que podría ser el primer antecedente del ‘corte borroka’: ese flequillo recto que deja media frente descubierta. En los años 1528 y 1529 estuvo de viaje por España el artista alemán Christoph Weiditz y se dedicó a dibujar la manera de vestir de los habitantes de la Península Ibérica.  En el libro Indumentaria basca. Zabalkundea sorta, de Bernardo Estornés Lasa –promotor de la cultura vasca y de la Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco–, aparecen varias estampas del viajero germano que recuerdan lo que hoy llamamos peinado borroka. Hay muchachas vizcaínas del siglo XVI que lucen ese tipo de flequillo y unos mechones largos en los lados (algunas llevan afeitada la coronilla en plan fraile). Las doncellas donostiarras no se dejaban caer los mechones pero sí llevaban el pelo muy corto en toda la cabeza y el mismo flequillo recto.

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Joven de estética skinhead y muchacha vasca del siglo XVI.

Según relata la investigadora María Águeda Moreno, de la Universidad de Jaén, en 1611 el escritor Sebastián de Covarrubias, célebre por su Tesoro de la lengua castellana o española, ya describió como propio de las mujeres vizcaínas una peculiar manera de llevar el cabello. Decía que “a las doncellas que andan tresquiladas, con solas dos vedejas a los lados y sin cobertura ninguna en la cabeza” (sic) las llaman chamorras, apelativo que nunca se recogió en los diccionarios para referirse a estas mujeres rapadas. De hecho, el apelativo es una adjetivación propia para el animal: chamorrar se traduciría como el trasquile anual que, por el mes de marzo, se les hacía a las bestias. Esta realidad etnográfica lo que pretendía era diferenciar al colectivo femenino entre las solteras y vírgenes (rapadas) y casadas (con tocado que cubría la cabeza). Asimismo, a las mujeres que habían sufrido un desliz se les imponía el uso sobre la cabeza de un pañuelo de rayas de colores verdes y negras: negras en reconocimiento de su pecado y verdes simbolizando la esperanza”, explica la profesora.

Se puede pensar que aquella clasificación capilar formaba parte de la tradición de los pobladores vascos pero no, en realidad tenía una base religiosa, los mandatos evangélicos de san Pablo apóstol a los corintios. Unos rígidos preceptos que en la sociedad vasca del XVI impusieron “una imagen rotunda, explícita y externa físicamente de la virtud de sus mujeres”, explica la profesora. Entre los siglos XIII y XVII, en distintas partes de la Península, de Asturias a Castilla La Mancha, se usó la expresión ‘moza en cabello’ para designar a chicas vírgenes o doncellas.

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Escena de la película ‘Ocho apellidos vascos’ donde aparece Clara Lago con ‘corte borroka’ y Dani Rovira con pinta de capillita sevillano.

Si viajamos en el tiempo hasta el siglo XX, nos topamos con las chicas skinheads de los años 70 y 80, una herencia de aquellos peinados de las muchachas vizcaínas. Las mujeres se rapaban la cabeza, dejando unos mechones a modo de patillas y un flequillo recto. El movimiento skin nació en los 60 en Inglaterra pero sus raíces provenían de los rude boys jamaicanos, grupos de jóvenes negros y rastafaris que lucharon contra el sistema represor en la isla caribeña en aquellos años. Muchos de ellos emigraron a Inglaterra influyendo en jóvenes de clase obrera británica. Los peinados de las chicas skinheads se pudieron ver en España a partir de principios de los 80, cuando esta tribu se dividió entre cabezas rapadas neonazis y redskins antirracistas. Fue el País Vasco una de las zonas donde el movimiento punk y de música Oi! tuvo más predicamento.

El flequillo a lo vasco es ya una imagen prototípica que se suele vincular con una ideología determinada, la de la izquierda abertzale, con una marca social de activismo que traspasa fronteras, pero en realidad esta apreciación es reduccionista. Allá en Euskadi, y fuera, muchas mujeres optan por ese corte de pelo. En el caso de los hombres ocurre algo parecido con ese peinado que deja un poco de melenilla por detrás, se mete la tijera en los lados y acorta el flequillo. Hasta principios del siglo XX, esta manera de llevar el cabello se conoció como kartxeta y en algunos lugares simbolizaba al etxekojauna (cabeza de familia). Después ese look, muy común en en el País Vasco, se relacionó con lo alternativo, el hippismo y el perroflautismo que dirían algunos. También se ha venido en denominar guedeja.

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Dos hombres vascos del principios del siglo XX con melena por detrás y pelo corto en los lados.

María Ptqk, doctora en investigación artística en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU), explicó en 2010 que la guedeja “no es ni un invento de la kale borroka ni un residuo estilístico del rock radical vasco. Es, según pude descubrir en la exposición que el Museo Vasco de Bilbao dedica a la fotógrafa Eulalia Abaitua, “el corte de pelo distintivo del cabeza de familia en el vizcaíno valle de Arratia, que sobrevivió hasta los inicios del siglo XX”. La RAE define guedeja como cabellera larga o mechón.

Volviendo a Anna Gabriel, soy incapaz de aventurarme a decir qué le queda mejor, si el corte borroka o la melena midi suelta. Dependerá de nuestros prejuicios.

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